INTERVIEWS



Conocí personalmente a Fernando Operé Santillana por medio de un admirable amigo en común, el Dr. Enrique Ruiz-Fornells, que desde hace muchos años gestiona y dirige una sesión especial sobre escritores españoles en los congresos de SAMLA (South Atlantic Modern LanguageAssociation) en Estados Unidos. Como ya desde hacía tiempo seguía la pista al poeta madrileño, Enrique me invitó a participar en la sesión “Poesía española alrededor del mundo” en la que el tema central era el libro La vuelta al mundo en 80 poemas de Fernando Operé. El 10 de noviembre de 2012, la Dra. Candelas Gala y yo leímos sendas ponencias en presencia de él. Tras la sesión, varios colegas y amigos tomamos unas copas en la cafetería del hotel y charlamos ampliamente. Así empecé a conocer a Fernando y nuestra amistad se ha afianzado desde entonces. Sólo puedo decir, para no extenderme, que Fernando es tan magnífica persona como poeta, lo que ya es, en sí, mérito de altura, y que su gran personalidad va a la par con su temple lírico. Y ciñéndonos a su actividad creadora, es importante reseñar la multidimensionalidad de este madrileño/valenciano/barcelonés/virginiano que se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, ciudad en la que también se afianzó su pasión por el teatro, y obtuvo su doctorado en historia en la Universidad de Virginia (Estados Unidos). En esta universidad imparte la docencia como catedrático de literatura en el departamento de español, italiano y portugués. Es autor de varios libros sobre el cautiverio en la América Hispánica, España y los españoles de hoy y, asimismo, literatura argentina del siglo XIX. Ha publicado multitud de artículos en torno a estos temas y a otros de crítica literaria. Y como poeta destaca, sin duda, entre los mejores de hoy en día. Estos son sus poemarios: Refranero de dudas (2014), Ciudades de tiza. Paisajes de papel (2014), La vuelta al mundo en 80 poemas (2012), Cántico Segundo (con MempoGiardinelli,2009), Anotado al margen. Cuaderno de ruta(2006), Memorial del olvido (2005), Poesía a dos voces (conMempoGiardinelli, 2004), Concierto de Música y Poesía. (CD conMempoGiardinelli,2003), Alfabeto de ausencias (2002), Salmos de la materia (2000), Amor a los cuerpos (1997), Acróbata de ternuras (1994), ¿Quién eres tú Betty Blue? (1991), Despedidas (1987) y Días de lluvia y otros soles (1987).

FP-B: Una de las inclinaciones frecuentes en la crítica literaria es la de establecer encasillamientos, algunas veces quizá forzados, para situar las voces líricas en unos parámetros establecidos cronológicos, artísticos e ideológicos determinados. Sin entrar en la validez o conveniencia de las clasificaciones en moldes estéticos, ¿piensas que perteneces a algún grupo en particular que por tu edad o discurso pudiera corresponder a la de los novísimos, la promoción de los 70 o la llamada “poesía de la experiencia”? ¿Hay conexiones y diferencias entre tu poesía y las directrices de estas divisiones líricas?

FO: Por razones de llevar ubicado en los Estados Unidos más de 30 años, no he establecido una conexión literaria con ningún grupo poético, ni he seguido una escuela o moda. En algunos aspectos esto ha sido bueno y en otros muy malo, pues me ha mantenido marginado de círculos, premios y publicaciones. El aspecto positivo ha sido que mi quehacer poético ha seguido su propio sendero, aprendiendo de aquellos maestros o admirados poetas a los que mi constantes lecturas me inclinaban. De hecho alguno de mis poetas favoritos, como César Simón, se consideraba el mismo la margen de corrientes y grupos poéticos, y quizás por eso su obra no es tan conocida como las de otros.

FP-B: En tu poema “La lectura” del libro Salmos de la materia describes el placer de leer de forma reposada, quizá algo que no se experimenta con frecuencia en estas circunstancias de hoy en que el imperativo es la prisa y la concisión del tweet, del correo electrónico y de los textos por teléfono. ¿Encuentras muchas ocasiones para disfrutar de la lectura con tus múltiples obligaciones? Y hablando de lecturas, ¿a qué edad comenzaste a sentir el placer de la lectura y cuándo empezaste a escribir poemas? Y también ¿cuáles son algunas lecturas que te han influido y que han complementado tu formación a nivel personal, profesional y poético a través de los años?

FO: Me pregunto muchas veces cuando viajo en avión y veo a la gente que mira durante horas el trasero de los asientos, cómo se puede vivir sin leer, me pregunto entonces. La lectura ha sido para mi obsesiva desde niño, cuando mi padre nos pedía que le leyéramos poemas en voz alta, o hacíamos lecturas antes de la cena. En cuanto a escribir, lo comencé a hacer desde muy joven tratando de imitar los poemas que mi padre leía de Luis Chamizo, José María Gabriel y Galán, y más definitivamente cuando descubrí a a Antonio Machado, a quien quise imitar, como he querido imitar toda mi vida a los poetas que me han tocado profundamente. Tengo en casa dos poemarios inéditos de esos años, que guardo como tesoros.

FP-B: Muchos escritores tienen horas o momentos del día o quizá una estación particular del año en que su actividad creativa se impulsa especialmente. Juan Ramón Jiménez era metódico, por ejemplo, y sin embargo, hay poetas que escriben a fogonazos. ¿Sigues una estructura horaria cuando escribes, es decir, momentos en los que, cotidianamente, te dedicas a la creación? Y asimismo algunos autores escriben con lápiz y bolígrafo o en el ordenador (casi dije la máquina de escribir, ya obsoleta). ¿Qué haces tú? Y una vez situado y dispuesto, ¿cómo te enfrentas al papel en blanco? ¿Cómo intentas elaborar el poema?

FO: En general escribo más o me siento más motivado a escribir cuando viajo o estoy fuera de casa. Por suerte soy y siempre he sido un gran viajero, y por lo tanto las ocasiones de escribir se multiplican. Lo hago a lápiz en un cuaderno, sin detenerme mucho en la forma, en rimas o ritmos, casi mecánicamente. Mi esposa incluso hizo una colección de fotos de Fernando escribiendo en distintos lugares del mundo, en calles, terrazas, museos o plazas. Cuando vuelvo a casa, comienza el proceso más complicado, que es el de releer, corregir, pulir, troquelar, o tirar a la basura, como tantas veces. Sin embargo, no me dejo llevar exclusivamente por las emociones del viaje o las situaciones, ya que muchos de mis libros son temáticos, y por lo tanto estoy dándole vueltas a una idea o un tema central. Esto requiere más disciplina. Al menos ha sido así en muchos de mis libros, especialmente en los últimos.

FP-B: Evangelina Rodríguez Cuadros en “El gozo de lo real”, su introducción a Salmos de la materia, afirma que este poemario es un viaje o anábasis. Estoy de acuerdo en que el viaje interior, estrechamente conectado con viajes físicos o expediciones compartidas en que la anécdota trasciende el momento particular, que en sí ya es esencialmente íntimo, complementa y expande el valor significativo de muchos de tus poemas. Un antiguo y brillante profesor mío, Cándido Pérez Gállego, afirmaba que la literatura era viajar. Sí, cambiar horizontes, descubrir visos, reflexionar y viajar sobre el tiempo, un, como tú expresas, “radiante coloquio / del pie y el camino” en tu poema “Cordura de la tarde”. ¿Por qué en tu poesía, en general, hay una movilidad física y mental, una dinámica de tiempos, estados y lugares, esas de un moderno peregrino cuyas armas son las sandalias y el pie maratoniano? Y otra pregunta en este contexto: ¿qué lugar ha quedado en tu memoria más que otros y por qué?

FO: Curiosamente acabo de regresar de El Camino de Santiago que hice con un amigo. Era una asignatura pendiente. Estaba esta mañana repasando mis notas de ese viaje, son ideas, reflexiones de esa hermosa aventura. No sé si algo quedará que merezca la pena compartir con un lector. Siempre hay una oreja que escucha aunque lo ideal sería que hubiese muchas orejas. La pasión del viaje quizás empezó cuando sentí que debía abandonar Madrid para iniciar mis estudios universitarios en otro lugar. Y sin pensarlo mucho más, marché a Barcelona donde hice mis estudios de Filosofía y Letras. Poco después sentí que era hora de partir hacia otros lares, y como el hijo mejor de Alvargonzález, emigré a las Américas para continuar mis estudios de doctorado. El camino permite cruzar fronteras, liberarse del hombre viejo que siempre hay en nosotros, mudar de piel, e iniciar una nueva ruta. Uno se siente más ciudadano del mundo y se libera de prejuicios y visiones raquíticas. Para mi el viaje ha sido y sigue siendo fuente de muchas cosas buenas, no solo elemento inspirador, sino lugar de encuentro. En mi memoria de viajero permanecen lugares, pero los que ha dejado honda huellas son aquéllos en los que he vivido o pasado más tiempo: Madrid, la Sierra de Guadarrama, Barcelona, el Pirineo, a donde regreso todos los veranos, sin duda Charlottesville, mi hogar actual, uno de las ciudades más vivibles del planeta, y Buenos Aires, mi tercer hogar.

FP-B: La creación, en ocasiones, entrelaza, disgrega o potencia en particular perfiles y sombras del yo lírico, del yo cotidiano, del yo profesor/investigador , del no-yo, del yo amante … a través de máscaras, figuras y mitos personalizados, imágenes y símbolos. En tu poesía, por ejemplo, surge Ulises y su periplo en algunos momentos. ¿Hasta qué punto has reflejado tu vida y una recreación de sus momentos en tus poemas? ¿Qué mito tiene un significado profundo para ti? Y parafraseando un verso tuyo del poema “Barcelona en la memoria” de tu libro Ciudades de tiza. Paisajes de papel, “Allí escribí el primer capítulo / de esta larga jornada / disfrazado de poeta”, ¿por qué te disfrazas de poeta?

FO: Uno de mis grandes amores al que todavía dedico tiempo en mis muchos quehaceres es el teatro, que tantos vínculos mantiene con la poesía. En el teatro, tanto el autor como el actor se esconden tras una máscara, que por una parte permite el desdoblamiento del yo, y la visión de otras realidades que pueden ser incluso ajenas. No hay duda que en poesía hay que andarse con cuidado sobre quién es el yo poético, y desde qué estado de realidad y vivencia se escribe. No hay duda de que se puede escribir poesía amorosa sin estar enamorado. Aquí reside la honestidad del proceso creativo. ¿Se escribe con oficio, desde la emoción, con interrogantes fundamentales? “Barcelona en la memoria” es un poema que escribí casi cuarenta años después de haber vivido en esa ciudad, como si el poso del recuerdo me hubiese permitido dar sosiego a lo que aquellos años de relámpago representaron. En cuanto a ir disfrazado de poeta, no hay duda de que cada uno de nosotros viste distintos disfraces para oportunas ocasiones. Aunque la poesía para mi ha sido tan íntima y sagrada que no me permitió considerarme a mismo poeta. No fue hasta que publiqué mi décimo o undécimo poemario que me di cuenta que quizás era un poeta.

FP-B: El poder creador del lenguaje ha sido enfatizado con asidua frecuencia en la lírica. En uno de tus versos, sin embargo, angulas esa conceptualización para matizar que “nombrar es poseer”. ¿A qué tipo de posesión te refieres y qué abarca?

FO: Nos pasamos la vida dando nombres a las cosas, a los hijos, a los lugares amados, a las creaciones, a los libros. De alguna forma las hacemos más nuestras. Tanto aventureros como conquistadores se apresuran a nombrar como una forma de dejar huella, como lo hace la firma de un pintor sobre el cuadro. En el caso de la literatura, el poema creado, aunque viajero ya por su cuenta, sigue unido al padre por los rasgos y los nombres.

FP-B: En tu poema “De aquí a mil años” del libro Despedidas recreas un futuro lector y exclamas, “Cuando me leas de aquí a mil años / dirás: “cómo sus gregarios versos / cambiaron con los días”. Doy la vuelta a tus versos y te pido que te mires con la perspectiva hacia el pasado, desde que empezaste a publicar en 1987. ¿Qué cambios en la sensibilidad y en la técnica se han operado en tu discurso poético? ¿Qué se ha mantenido? ¿Cómo ha evolucionado tu personalidad lírica?

FO: Los poemas publicados en 1987 algunos se empezaron a escribir muchos antes, quizás por 1978 o antes. Desde entonces son siglos los transcurridos. En algunos me es difícil reconocerme. Son poemas de principiante, con pasos temblorosos e imágenes naive. Se empieza el quehacer poético desde la biografía, desde el aturdimiento y la sorpresa. De a poco o de a mucho, la voz va tomando forma, no se sabe cuando, pues el proceso de imitación nunca cesa. Pero ya los temas pertenecen a una cosmogonía propia o a un proceso de reflexión más maduro, que va desprendiéndose del yo y la biografía para internarse en los problemas de otros, y del mundo, si es que eso es posible. Como dije antes es necesario librarse de muchas pieles como hacen las serpientes para que el proceso creativo no se detenga o encharque.

FP-B: En la escritura es hasta cierto punto normal que los poetas reflexionen sobre su propia obra. He seleccionado unos versos que ilustran algunas de tus sendas. Afirmas que indagas en el umbral de la emoción (“Poema de amor con canas”), que expresas “incertidumbres del alma, /magnitudes de lo incierto… / Mansas olas desplazadas / por el amor de los versos/ recorriendo los caminos / peregrino de lo bello” (“A lo hecho, pecho”), que “Otras veces, lo que digo, / lo digo porque me urge / desenredar el misterio / que nos hilvana a los hombres / a través del alfabeto” (“A buen entendedor, pocas palabras bastan”). Y también adviertes que el poema, a veces, es valorado por su construcción: “Qué desasosiego de mi poema / cantor, carpintero, albañil, / cuando le pasan cuentas / o demandan eficacia” (“Quien se da al ocio no acaba negocio”). Emoción ante la belleza, multitud de preguntas y dudas urdidas por un estilo que, en algún momento, describes como sueño de artesano. Y, sin embargo, me parece que tu bellísimo poema “Carta a mi niña” ilumina y sugiere, para mi gusto como ninguno, tu escritura poética. ¿Qué desencadenó y qué viste en esta niña de dos años para hacer una declaración así?

FO: Es curioso que muchos de los poemas que citas pertenecen a mi poemario Refranero de dudas que es un libro que escribí casi como un reto poético. La sabiduría del Refranero español es tal que me permitió una serie de reflexiones sobre mi propio quehacer, o sobre temas universales. En cuanto al poema “Carta a mi niña” es un poema resultado de las emociones y los retos a los que te enfrenta la paternidad, sin duda una de las grandes experiencias de mi vida de adulto. La necesidad de proteger, de entender, de penetrar en el mundo infantil, especialmente de una niña, es tal, que me desconcertaba y como siempre pasa con la poesía, tuve que recurrir a ella para hallar, si es que era posible, respuestas o al menos aplacar mis dudas.

FP-B: Y de tus declaraciones sobre el fenómeno poético a lo que críticos de prestigio como Ramiro Lagos, GemánYanke, Sergio Arlandis o Evangelina Rodríguez-Cuadros señalan. Por ejemplo, han mencionado que en tu lírica se moldea una estética del coloquialismo con un lenguaje familiar y sencillo, sin cosmética. Hay muchos momentos en que así es. Hay otros en los que la complejidad se ausculta, como en estos versos tuyos del poema “Mi mesa pradera”: “Escribo lo que ni yo podría imaginar, / alfabeto de ausencia, urgencias del fuego”. Y también el enigma: “(Dime) qué existencia invisible refleja tu espejo” (“Dime con quién andas y te diré quién eres”). Sí, en tu lírica hay afán de comunicación con los lectores en general, pero también laten claves ocultas, raros insectos, pájaros de pico blando, exilio, asombro, fuego, entelequia, sangre de semen y mosto. Y meditada sutileza narrativa. Variados registros, sin duda, pero, ¿es lo aparentemente sencillo de las cosas cotidianas y de los recuerdos, por una parte y tu mundo interior por otra lo que configura en tu poesía un lenguaje perspicazmente directo, pero que revierte más allá de lo inmediato? ¿Hasta dónde quieres que te acompañen los lectores en tu discurso?

FO: Yo creo que en la vida de un poeta, sobretodo con una trayectoria ya larga, las claves de su poesía van variando, al menos ese sería el ideal. En mis primeras composiciones aflora una vocación comunicativa, incluso un énfasis en la oralidad de la poesía. No en vano continúo memorizando poemas y dando recitales públicos. Siempre he pensado que la poesía tenía que salir a la calle y ocupar los lugares públicos. Me encanta leer poemas en los vagones del Metro de Nueva York. En mi colegio de niño se celebraba un concurso anual de rapsodas, y mi ilusión era poder recital bien, con ritmo y con pausas.

Como dije antes mis primeras lecturas de Chamizo, Gabriel y Galán, Rosalía de Castro, y los dos Machado me inclinaron hacia un lenguaje sin complicaciones aparentes, aunque el simbolismo tras esa aparente simplicidad penetrase a otros niveles. Espero que mi poesía haya evolucionado y superado un cierto coloquialismo, hacia una poesía más trabada, en donde las metáforas y las imágenes sean capaces de embellecer al tiempo que penetran en otros niveles indagatorios.

FP-B: Hablemos de algunos de los temas de tu lírica. El ámbito familiar con los recuerdos de tu padre, tu madre, de la cocina y del pan, al igual que los de la infancia, emerge frecuentemente en tu obra poética. ¿Cómo fue tu infancia y qué aspectos has recuperado de aquella etapa vital de ser niño y de las relaciones con tus padres mientras estuvieron presentes que hoy en día siguen latiendo en tu personalidad y en tus versos?

FO: La familia es sin duda la primera escuela. Tanto mi padre como mi madre fueron amantes de la poesía y lectores. Dediqué un poemario completo Acróbata de ternuras a buscar en el pasado con el fin de recuperar el hogar paterno desdibujado tras la muerte temprana de mi padre cuando yo tenía 12 años. Tenía necesidad de recuperar las estancias hogareñas, sentir los olores y anotar los colores. Esa fue una labor indagatoria que me llevó a través de los sueños y de las memorias ocultas hacia esos espacios que de pronto se me mostraron casi como sagrados. El padre apareció oficiado en su mesa de pino ancho, cortando y compartiendo el pan. La madre en su cocina hacedora mezclando las frutas y las semillas y fundamentalmente dando y compartiendo. Las imágenes eran tan poderosas que sólo había que darles salida, invitarles a mi otra mesa, la mesa del poeta, donde otra fiesta de colores y sabores se fraguaba.

FP-B: Hay símbolos reincidentes en tu poesía que han señalado muy bien críticos como Sergio Arlandis o Evangelina Rodríguez-Cuadros. Entre ellos, la casa, o por extensión quizá lo telúrico, tus moradas vitales y el refugio recóndito de la intimidad, y también el mar o la mar, mar que engloba signos de libertad, de enigma, de vida, de muerte, ese imposible punto al que siempre regresamos. Ambos, la casa y el mar, establecen tracciones y contracciones en tus versos. Y afirmas en un poema: “Quiero una casa en el mar”. ¿Pueden vivir y convivir esos símbolos en tu poesía? ¿Cómo se relacionan y se influyen?

FO: Aciertas al señalar estos dos símbolos, la casa y el mar, dos constantes en mi poesía. De alguna forma son las dos fuerzas que conviven y luchan en mi. Una es una fuerza centrípeta y la otra centrífuga. La casa llama, exige el regreso del hijo pródigo, que ya no volverá, porque nunca regresamos. Representa la paz de los años constructivos y seguros, y también el eslabón de la vida entre los padres y los hijos. La otra es el mar, es la aventura, es la búsqueda constante, es el viaje infinito que nos lleva a lugares incógnitos. A ambos temas he dedicado muchos poemas y incluso libros completos. La vuelta al mundo en 80 poemas es prácticamente un canto al mar, como masa marina, como frontera, como camino y fuente de vida e inspiración. Navegué durante 4 meses alrededor del mundo en un barco, que aparte de mi labor de profesor diaria, me mantuvo en una especie de éxtasis comunicativo con esa fuerza demoledora que me rodeaba, y que no me cansaba de mirar y admirar. Hay tanto que aprender de ellos.

FP-B: El amor es otra de las constantes reincidentes en tu extensa obra poética. En Amor a los cuerpos (1997) blasonas el cuerpo femenino maravillosamente enalteciendo los brazos, la oreja, el cuello, el cráneo, los dientes, los ojos, la vagina, los cabellos, los pechos, el ombligo. Hay extraordinaria sensibilidad, sensualidad y erotismo. Y en ¿Quién eres tú, Betty Blue? el eros fecunda la escritura y el cuerpo textual se convierte en un prisma del cuerpo físico. Varias fronteras se comunican a través de la piel, la del mundo sensible, la del mundo interior y la del universo creativo. ¿Qué ha representado para ti el amor en tu vida diaria, íntima y poética?

FO: Señalé anteriormente el carácter semi biográfico que la creación poético representa de una forma u otra. Los años de relámpago son años marcados por el amor, el enamoramiento y el sexo. La pasión se mete por las rendijas del poema, consciente o inconscientemente. Sin embargo, estos dos poemarios responden a una voluntad indagadora. Quién eres ti Betty Blue? Fue el fracasado o pobre intento de entender al otro femenino. “Saber como te saben los besos que te robo o arrebato” escribo en uno de ellos. Eso precisamente me proponía, indagar para saber. Vano intento. En Amor a los cuerpos el reto era otro, me proponía poetizar partes del cuerpo que normalmente no son poetizables. Me refiero al codo, los dientes, el ombligo, el cráneo etc. Aquí si me encontré con la necesidad de rebuscar en lo más hondo metáforas que tuvieran sentido y una cierta proyección universal. Me encantó el reto. Además fue un libro que extrañamente salió de corrido un verano, mientras me alojaba en la Residencia de Estudiantes en Madrid. Y cada uno que saque sus propias conclusiones.

FP-B: En varios de tus libros estableces un compromiso social y denuncias el dolor, la injusticia, la crueldad, el hambre, la guerra. Te solidarizas con las madres de la Plaza de Mayo en Buenos Aires, con las víctimas del 11 de septiembre de 2001, con las madres palestinas, con la mujer ahogada por el “macho mundo”, con las ciudades sin nombre, con el horror del hambre que rastrea en el basurero algo que llevarse a la boca. En tu poema “Si elegir consistiera” escribes: “Elegir es afirmar, / escribir con el dedo en lo alto, / predicar con los zapatos puestos, / tomar partido, / tatuarse / el pecho hasta la sangre…” ¿Piensas que es la poesía un arma efectiva de acción? ¿Por qué?

FO: Si la poesía no está en el mundo, ¿para qué sirve? Ciertamente que los temas universales de la poesía, ya lo indicó Miguel Hernández, son vida, muerte, amor, en el orden que se quiera. Para Miguel Hernández esas eran las tres heridas, es decir los tres dolores. Posiblemente el dolor es lo más universal y lo que más nos hermana, de aquí que la poesía haga énfasis en ese aspecto. La poesía que es creación tiene la responsabilidad, cuando le toque y siempre sin banderas, de indagar en esos elementos. No sé como es posible escribir poesía sin tropezarse con la injusticia y el dolor universal.

FP-B: En tu poema “La última acrobacia” recreas y revalorizas hermosamente el inminente derrumbe de una hoja de un árbol en otoño. La crítica ha señalado la grandeza de lo diminuto, de lo simple, de lo elemental, de las cosas cotidianas, de los insectos familiares … en tu poesía. ¿Cómo influye el mundo de lo diminuto, de lo apenas palpable, de lo humilde en el macro mundo, ese que apresa nuestra atención continuamente?

FO: La poesía como la literatura no deja de ser sino una mirada al mundo. Sabemos mirar? Qué miramos? Qué cosas nos llaman la atención? A mí la poesía y el ejercicio literario en general me ha ensañado a mirar. Todavía hay cosas que no veo, externas o externas, pequeñas o grandes. Nos sorprendemos de nuestra propia ceguera. Virginia en donde he vivido los últimos 37 años es un bosque, un bosque con hojas, un mundo múltiple donde los árboles cambian de color y se pintan de otoño. Me he sorprendido a mí mismo contemplando ese mundo tan extraño, rico y plural, como lo hice en otros viajes por esos mundos o en la mesa pradera de mis despacho. Y también viendo caer una hoja en su último vuelo.

FP-B: En tu poesía hay una celebración de la vida y de los sentidos en general. Pero también se dan vaivenes emocionales en los que surge la desazón, la tristeza y el desarraigo. Se observa una actitud serena y estoica con frecuencia en tus versos ante una vida vivida en relámpagos y siendo testigo del latido primordial de la alegría por una parte, y, por otra, la conciencia de la finitud: “La vida es un patio de flores, / la muerte un extenso mar sin luna”. Vida llena de dudas y sin respuestas claras. ¿Hay un acto de reconciliación tuyo con la vida, un homenaje al transcurrir y su misterio en su revelación íntima y compartida con los lectores? ¿Qué te ha confirmado la vida desde tus dudas?

FO: Por suerte siempre he sido o he querido ser una persona vitalista que mira la vida con optimismo. Me he refugiado en lo mejor de ella, la naturaleza, la amistad, el amor, la creación, para poder mantener esa actitud que ha de ser alimentada diariamente. No existe por generación espontánea. Sin embargo, las dudas sobre la existencia, entendiendo la temporalidad de nuestra existencia, las respuestas inconclusas de la religión, y obviamente de los idealismos políticos, me han mantenido en ese estado constante de interrogación que se expresa a través de fugaces flashes en mis versos.

FP-B: En la pregunta anterior introducía el tema de la finitud del ser humano. Y como consecuencia el silencio y el olvido ante los que manifiestas una solemne entereza: “Ligero espero el poniente. / No eludo muertes ni riesgos. / Paso firme, noche clara, / me hundiré en un mar eterno”. Y, sin embargo, en otro poema hondísimo, titulado “Supermán”, abres el horizonte, quizá porque hablas con un niño que te pregunta si podrá ver a Supermán después de muerto y reflexionas intensamente sobre lo que pudiera ser morir. El emotivo colofón del poema es: “Pero si alguna vez, / rompiendo en cristalitos el enigma, / nos encontramos / en un rincón del universo, / te prometo que iremos, mano a mano, / a buscar a Supermán, te lo prometo”. El poema pertenece al libro Despedidas publicado en 1987. Después de veintisiete años, ¿sigues pensando lo mismo sobre la muerte o ha variado de alguna manera tu intuición?

FO: Aquel poema se escribió hace más de 33 años cuando mi hijo tenía tres. Es la proyección del optimismo del padre que desea calmar la ansiedad del hijo a través de abrirle la puerta a algo que puede ser maravilloso o fantástico. La promesa del padre viene desde el deseo. Ojala yo o cualquiera de nosotros tuviese la llave de esas preguntas. Me acerco más a creer que me hundiré en un mar eterno, del segundo poema.

FP-B: En algunos textos de La vuelta al mundo en 80 poemas y en otros de Refranero de dudas aludes a dios y a Dios, en ocasiones como referencia a los dioses de diversas civilizaciones y manifiestas que “Cuantos más dioses contemplo / más crece mi increíble credulidad”. Otras veces, exclamas coloquialmente que dios nos coja confesados y que hay dioses abigarrados en su mudez. En agudos y contados momentos declaras que Dios se olvidó de nuestra endeble alegría, le pides a dios que apriete si es que escucha y, también exclamas que Dios se marcha como se marcha el siglo veinte, que es sordo y que tus plegarias resultan vanas, coincidiendo así con ciertos ecos de esa actitud existencial en lucha con Dios que diferenció a un significativo número de poetas españoles del siglo veinte de las concepciones existenciales europeas. ¿Hay un dios con minúscula y un Dios con mayúscula expuestos en tus versos? ¿Ausente, presente en la vida?

FO: Tengo una formación jesuítica pues me eduqué en sus colegios y organizaciones. Debo decir que me enseñaron muchas cosas y me ayudaron a ser hombre en tiempos de orfandad. Por lo tanto soy hijo del humanismo cristiano, que cree en los valores del cristianismo aún sin Dios. El viaje de La vuelta al mundo en 80 poemas me hizo hondear en la frágil realidad de creer en un dios verdadero. Como si tal coda fuese posible. Si lo hay que cada uno haga su composición de lugar. Yo he llegado a mis propias conclusiones. En el poemario aireo mis dudas ante la convulsión que las múltiples creencias, con sus demandas y sometimientos, nos han arrastrado.

FP-B: En tu poema “Naturaleza”, preguntas: “¿Quién pudiera perdurar entre las plumas y los aires?”. ¿Cómo te gustaría ser recordado en el futuro? ¿Cuál es tu legado a la poesía española?

FO: No tengo muchas pretensiones de pasar a la posteridad. La poesía ha sido una maestra y espero que lo siga siendo y me continúe guiando el tiempo que me queda. A través de la poesía he penetrado en mundos interiores, he aprendido a ver el mundo, a fijarme en cosas que de otra forma permanecían escondidas, ha forzado mi sensibilidad, me ha hecho más habitante de este mundo. Si alguna vez mis poemas hallan un corazón donde hacer nido, ese sería mi mayor ilusión. Habiendo sido como soy un poeta de aledaños, no pretendo dejar de serlo, y en los márgenes está mi lugar.

FP-B: Por último, ¿qué proyectos tienes entre manos ahora? ¿Nuevos poemarios, áreas de investigación, ocio?

FO: A veces me sorprendo que los poemas que voy escribiendo aquí y allá se han convertido en un poemario con cara y ojos, casi sin darme cuenta. La poesía es una actividad de entre horas. Tengo en estos momentos un poemario concluido, aunque siguiendo los pasos de Juan Ramón Jiménez en poesía los poemas siempre pueden ser reescritos. Se titula Liturgia del atardecer, y otro en el que estoy trabajando ahora, Pureza demolida. Quién sabe cuando verán la luz.

Muchas gracias, Fernando, por tus respuestas. Y para concluir esta entrevista cito este vibrante poema tuyo que creo que capta el fundamento de tu discurso poético:

Una palabra basta a veces
para apresar un río,
doblegar un peñasco,
fraguar un mediodía;
una palabra sin adornos,
seminal y pletórica,
vegetal palabra
con forma de semilla
y calor de lava;
una palabra que penetre
en las oscuridades,
los triángulos nocturnos,
las caracolas góticas,
y los pozos de la piel.

Una palabra con talle de espiga
y textura de llanto.

La veo cayendo
como una gota alada,
semen gozoso,
sobre la seda blanca
de aquel entendedor
que es sabio y calla,
que es arcilla, alberca,
tierra menstrual,
círculo íntimo,
el primer oidor sin escamas,
la residencia primordial, el útero antiguo.

(“De lo que no sabes no hables”)



1. Querido Fernando, cómo no empezar una entrevista a un poeta sin hacerle la inexcusable pregunta: ¿Qué es, para ti, la poesía? ¿Qué ha significado en tu vida y cómo la compatibilizas con tus otras actividades?
Imposible pregunta sobre la que divago horas en mis clases de la universidad. Debo a la poesía la imprescindible entrenamiento que me ha permitido ver el mundo desde una esfera distinta, no sé si mejor o peor, pero distinta. Tan distinta como ver el mundo a través de metáforas, indagar en el significado de los símbolos, representar el día a través de imágenes, y sobretodo detenerse a contemplar. No deja la poesía de ser, como toda la literatura, una manera de mirar el mundo. Cada uno lo ve desde lo que conoce. No podemos ver lo que no entendemos. La cuestión es si la poesía es en ese sentido sui géneris. Hay quien dice que la poesía es una finalidad sin fin. Sé que gracias a la poesía he estado algo más cerca del dolor, y posiblemente es el dolor lo que más une a los humanos, por ser lo más universal, algo a lo que no podemos renunciar.

2. Eres un poeta de ida y vuelta. Eres español pero has pasado más años de tu edad adulta en Estados Unidos que en España. Este hecho, ¿cómo afecta a tu escritura?
No creo que la haya afectado de una forma directa, pero sí indirectamente. Este país, me refiero a USA, tiene muchos defectos y grandes virtudes. En más de una ocasión me han dicho que hablaba como un americano porque cuando me hacían una pregunta me detenía a pensar en la respuesta. No sé si es cierto, o simplemente es que no tengo tantas verdades guardadas como tenía. Ahora dudo más, quizás es por la edad y no por el país, o por ambos. Lo que si es cierto es que no he estado tan a merced de modas, corrientes o escuelas. Decía Cesar Simón, ese gran poeta valenciano, que se consideraba un poeta de aledaños. En ese sentido me identifico con él, y me considero un poeta de aledaños, ni español, ni americano, ni argentino. Me he dio formando sin escuela, en mi pequeña soledad virginiana, leyendo de todo, a poetas de distinto origen, imitando, y produciendo una obra personal, que ha ido saliendo a la luz a trompicones, pues nunca he formado parte de ningún grupo, ni he sido parte de una escuela o generación. He sido un poco un autodidacta que ha escrito por necesidad. Curiosamente mi segundo poemario se titula Despedidas. Lo titulé así porque me di cuenta de que en cada poema había una despedida, que significa un desarraigo, dejar el terruño, los olores, los sabores y los paisajes.

3. Eres un gran conocedor de América Latina, en especial de la Argentina. ¿Qué se perdería un poeta español si obviara la producción literaria hispanoamericana, como desgraciadamente ha sido bastante común en España hasta hace unos años?
En la academia norteamericana cada vez se hace más hincapié en estudios transatlánticos. Es decir en vez de dividir los escritores de un continente u otro, se hace énfasis en la producción de una época a través del océano. Desde que Rubén Darío, especialmente, abrió las puertas del modernismo e inspiró a grades poetas peninsulares, la poesía latinoamericana adquirió no sólo señas de identidad, sino que comenzaron a formarse algunos de los poetas más maravillosos del siglo XX y XXI. Solo en Argentina hay que mencionar a Jorge Luis Borges, Rodolfo Godino, Olga Orozco, María Negroni, Alejandra Pizarnik, Juan Gelman, Diana Bellessi. Podría nombrar muchos más pero estos tienen tal peso que son más que suficientes para hacernos una idea de la importancia de la poesía argentina. Lo mismo podría decirse de poetas chilenos, peruanos, mexicanos etc.

4. Tantos años en Estados Unidos han debido traducirse en un gran saber de la poesía norteamericana que, además, hoy está muy de moda en España. ¿Qué poetas o corrientes estadounidenses te han marcado de forma palpable?
Desde muy joven, el poeta que leí obsesivamente, y que hoy también me encanta y disfruto es Walt Whitman. Es una voz con la que siempre me identifiqué. Quizás por sus dos revoluciones, la social y política, y la estética. Es increíble que Whitman escribiese lo que escribió en los 40 del siglo XIX. Su valentía y humanidad siempre me impresionaron. Ese es el poeta que yo querría ser. El fue un gigante. También hubo unos años que leí con pasión la supuesta simplicidad de la poesía de Emily Dickinson y su extraordinaria naturalidad para penetrar en la maravilla de las pequeñas cosas que nos rodean. Cómo escapar de la poderosa influencia de T.S. Eliot, posiblemente el poeta más influyente del modernismo? El transformó la poesía contemporánea, y en él, se unen un antes y un después. Siempre me impresionó la poesía desgarradora de Silvia Pratt. En la Universidad de Virginia, donde ejerzo la docencia, he tenido la suerte de estar acompañado de grandes poetas, algunos laureados, como Charles Wright, Rita Dove, y otros importantes nombres como Lisa Spaar, Stephen Cushman, DebraNystrom, Gregory Orr, entre otros. ¿Es posible estar en mejor compañía¿Has participado de movimientos, tendencias o grupos de poetas españoles desde tu vivencia americana?
Por razones de llevar ubicado en los Estados Unidos más de 30 años, no he establecido una conexión literaria con ningún grupo poético, ni he seguido una escuela o moda. En algunos aspectos esto ha sido bueno y en otros muy malo, pues me ha mantenido marginado de círculos, premios y publicaciones. El aspecto positivo ha sido que mi quehacer poético ha seguido su propio sendero, aprendiendo de aquellos maestros o admirados poetas a los que mi constantes lecturas me inclinaban. De hecho uno de mis poetas favoritos, como César Simón, se consideraba a sí mismo un poeta de aledaños, descolocado de corrientes y grupos poéticos, y quizás por eso su obra no es tan conocida como las de otros. Solo en los últimos años he iniciado intercambios con algunos poetas valencianos, sevillanos y de otros lugares, fundamentalmente a través de congresos y lecturas. No es algo que necesariamente busco. Para mi la poesía ha sido una necesidad, una forma de expresarme. Nunca he buscado ser conocido ni tengo aspiraciones de reconocimiento. Mi actividad poética se realiza en silencio, sin aspavientos, en círculos escolares y en las clases de la universidad. A los estudiantes es a los que quiero alcanzar con mi mensaje, que se cifra en “La poesía es maravillosa y necesaria”. Valdría decir con Gabriel Celaya “poesía necesaria como el pan de cada día”.

5. Si hay una corriente que ha disfrutado de poder en el panorama poético español de las últimas décadas, esa es la llamada “poesía de la experiencia”. ¿Cuál es tu relación con ella? ¿Piensas que un poeta puede escribir poesía sin “experiencia”?
Yo creo que estas denominaciones son inventos de la crítica en su ánimo y necesidad de organizar una producción literaria tan rica y variada como se está produciendo en estos momentos en España, y obviamente en el mundo hispanohablante. Sería muy interesante hacer la misma pregunta aquí los que han sido agrupados bajo ese denominador. Seguro que muchos de ellos se desvincularían. Uno empieza escribiendo desde la biografía, desde la experiencia amorosa y vivencial, de a poco según se va madurando, la poesía tiende a universalizarse. Al menos creo que es lo que me ha pasado a mí.

6. Disfrutas de la amistad de muchos otros escritores. ¿Mantienes un diálogo vivo con la obra de esos artistas? ¿Con quiénes?
Conozco la obra de muchísimos autores tanto en España como en toda América latina y en Estados Unidos donde hay grandes poetas que escriben en español, y quiero citar algunos importantes: Víctor Rodríguez-Núñez, Oscar Hahn, José Kozer, Miguel Ángel Zapata, Eduardo Espina, Juan Carlos Galeano, Gladys Ilaguerri, María Paz Moreno, Ana Merino entre otros muchos. En España mantengo una buena relación con uno de los jóvenes más talentosos del actual panorama, Sergio Arlandis; también con la que considero una de las voces más interesantes y profundas de la poesía española contemporánea, que es María Ángeles Pérez López, poeta a la que hay que leer obligatoriamente; mantengo algún tipo de relación con Carlos Marzal, Jaime Siles, Juan Carlos Mestre, todos ellos grandes poetas. Es un poco extraño dar nombres, porque siempre se olvidan más de los que se recuerdan. A ti, que eres un buena poeta, te leo y te quiero mucho.

7. Un catedrático universitario debe tener un calendario de lecturas muy apretado. ¿Cuándo y qué lees por el placer estético, más allá de la labor académica, en estos días?
Depende. Poesía leo todos los días, como los curas el breviario. Novelas cuando viajo y por las noches en mis insomnios. Leo historia porque me fascina, y me da placer. También teatro, ya sabes que tengo una faceta de hombre de teatro, y de hecho me sabe mal que comparativamente se escriba poco teatro.

8. Eres, entre otras muchas cosas, un gran deportista. ¿Qué relación ves entre el deporte y la poesía?
Mira, acabo de regresar de hacer el Camino de Santiago en bicicleta de montaña. Qué más inspiración se puede pedir a la experiencia? Vivo dentro de un bosque de las montañas Apalaches que han moldeado mi visión de la naturaleza y la han llenado de colores. El deporte me devuelve a un concepto vital de la vida, que es en parte mi concepción de la poesía. No sé quien me dijo que aun con muchos toques nostálgicos, o trágicos, mi poesía siempre es vital y optimista en su fondo. Creo que me gusta que me digan eso, porque es lo quisiera ser y escribir.

9. ¿Qué posición social dirías que ocupa un poeta en los Estados Unidos?
Yo siempre pensaba que los países hispanos son fundamentalmente países donde la poesía juega y ha jugado un papel predominante. Es cierto que en la América profunda, la gente asiste a los recitales de poesía masivamente. Esa ha sido mi experiencia en Argentina y México por ejemplo. Sin embargo la poesía en Estados Unidos es muy importante, aún dentro de una sociedad capitalista por excelencia. Son muchísimas, digo muchísimas y me quedo corto, las universidades donde existen programas de CreativeWriting, donde miles de estudiantes se inician en la escritura tanto en prosa como en poesía. En muchas ciudades los PoetryJam, atraen a un público cada día más numeroso, que llena los salones. Recientemente me invitaron en Manhattan a leer en una bar restaurante poesía en español, y para mi sorpresa había un público ávido por escuchar. Son experiencias diferentes, pero interesantes y hermosas, que hablan de lo viva que está la poesía en Estados Unidos.

10. ¿Crees que el poeta debe ser ejemplo moral?
El poeta y los no poetas, es una obligación como humanos, como ciudadanos, pero aparte de eso, el poeta, como todo escritor, escribe para un público anónimo en la mayoría de los casos. La poesía en particular difiere de la prosa en que no trata de mentir. Digamos que la prosa es una fábula o ficción, es decir, una mentira constante. La poesía trata de otras cosas, de intangibles, de emociones, de sensaciones. Proviene de lo más íntimo, y a lo íntimo se dirige. Cómo falsear con este instrumento? Sería una fundamental contradicción. Y con esto no dijo que no haya poesía mentirosa, cuya misión es predicar. Sólo pido no caer en la predicación. ¿Esto significa que el mensaje poético representa un ejemplo moral? Por cierto que no. Lo moral debe provenir de las acciones.

11. Eres un poeta bastante prolífico. ¿Cómo surge en ti la concepción de un poemario? ¿Tienes una idea original y te adhieres a ella durante toda la escritura? ¿Entiendes el poemario como un todo orgánico? ¿O, más bien, tus libros se asemejan más al concepto de “colección” de poemas?
Obviamente que mis primeros libros surgieron de una necesidad irracional por escribir. Los poemas surgían entonces de los entresijos, salía cada uno con una etiqueta distinta engendrados en un aluvión de emociones, con versos que tampoco habían adquirido una voz propia. Pero poco a poco, fui disciplinándome y comencé a trabajar alrededor de unos temas, ideas centrales, o problemáticas de mi presente. Quizás con el ánimo de entender o descubrir. Unos de mis primeros poemarios, Acróbata de ternuras, surgió en el deseo de rememorar la casa familiar, sus estancias, las figuras de mi padre y de mi madre en el entorno familiar, los olores y los guisos. Fue una experiencia hermosa. Con Quién eres tu Bettly Blue?, me enredé sin éxito en el deseo de indagar en el yo-femenino, inspirado, por cierto, en la película francesa del mismo nombre, “Betty Blue”. Estas incursiones temáticas las he vuelto a realzar en posteriores poemarios, ciertamente en Anotado al margen. Cuaderno de ruta; en La vuelta al mundo en 80 poemas, Ciudades de tiza, y Refranero de dudas, que son de hecho mis últimos poemarios. Creo que trabajar de esta forma me ha forzado a salir de mí mismo, a mirar el mundo no necesariamente desde un puro ensimismamiento.

12. Los poetas que no pertenecen al mundo de la academia suelen mirar a los poetas-profesores con desdén. ¿Crees que se pueden compaginar sin conflicto ambas labores, la académica y la creativa?
No veo la razón. La academia ha dejado de ser una torre de marfil. Hay muchísimos poetas que son al tiempo académicos y no por ello están marcados, me refiero a Luis García Montero, César Simón, María Ángeles Pérez López, Guillermo Carnero, y Jaime Siles en España, por solo nombrar a un puñado. En Estados Unidos es otra historia pues la publicación de poesía en muchas universidades no tiene ningún valor a la hora de avanzar la carrera académica o ser promovido. Es como si la crítica y la creación fueran por raíles diferentes.

13. ¿Cuáles son tus autores de cabecera en la actualidad?
Sigo leyendo con fervor a Vallejo y Neruda. Nunca faltan en mi mesa de cabecera. Cada vez me entusiasman más Juan Gelman y Antonio Cisneros. Otros nombres que leo y admiro son, María Ángeles Pérez López, María Auxiliadora Álvarez, Patricia Medina, Juan Carlos Galeano, Carlos Marzal, Juan Carlos Mestre, Antonio Gamoneda, Chantal Maillard, Vicente Gallego, Sergio Arlandis, Diana Bellessi, y otros y otros muchos.

14. En fin, querido Fernando, a la manera de Rilke, ¿qué consejos darías a los jóvenes poetas?
No hay mucho que decir. Simplemente que si se siente la pasión y la necesidad, hay que escribir mucho y con humildad, con un cuaderno de notas siempre en el bolsillo, y una papelera grande en casa.